La doble polaridad del mismo corazón


 En esta vida hay verdades que parecen mentiras, y mentiras que parecen verdades. El dilema es intentar diferenciarlos. 

Vengo aquí a contarte la situación de una muchacha que bastante lidiaba con ese tipo de problema. El no poder saber que era su verdad y que era la falsedad dentro de ella misma. 

Desde chica ella sentía una división dentro de sí misma. Claro, en el momento no la sabía, pero entre más maduraba como persona, más claro se hacía este problema. 

Desde muy temprana edad, ella sentía todo y nada a la misma vez. Se identificaba con todos, pero se sentía sola e incomprendida. Sentía querer a todos, y despreciaba al mundo entero dentro del mismo “te quiero”. 

El problema no era diferenciar si ella encontraba belleza en la humanidad o si no encontraba sentido en la existencia. El problema era que sentía ambas cosas a la misma vez. 

¿Como era que en sus ojos color tierra, podría ver la belleza y la desgracia a la misma vez? ¿Acaso era un problema clásico de la doble moralidad? Con completa certeza no se puede decir, pues ya todos nos encontramos con esa división dentro de nosotros tarde o temprano. 

Ella, en un momento de intensidad emocional, decidió ir a buscar su base de realidad. 

Abandonó la tranquilidad que le sobraba en labios ajenos, y encontró el caos que deseaba en sabanas desconocidas. Encontró el olvido de aquellos recuerdos que estaban tatuados sobre su ser en cigarros y botellas de alcohol. Se desconectó de su ser emocional al encontrar que mientras buscaba un corazón tierno, en este mundo tan rudo, destrozaba el suyo poco a poco. Se llenó de tanto rencor y desconocimiento hacia la humanidad que ansiaba por encontrar un rincón lleno de paz y tranquilidad. 

Pasaron las noches. Los días. Las semanas. Los meses. Miraba al espejo y no conocía a la persona que estaba enfrente de ella. En su momento más obscuro se encontró en la misma situación que la había traído al lugar en donde estaba en ese momento. Decidió explorar la extremidad opuesta de donde estaba ella. 

Busco ternura en los libros que hoy adornan su recamara, y sus palabras adornan su ser. Encontró la tranquilidad que un día había deshecho dentro de la comodidad de su propia compañía. Mientras el alcohol le borraba los recuerdos, el té de menta le traía momentos de paz que algún día serían los mejores momentos. 

Las noches llenas de drogas, alcohol, y sonidos extremos fueron derrotados con el silencio y la tranquilidad que hoy adornan sus mañanas. 

Comenzó a disfrutar la sencillez que ofrecía la vida día a día. Descubrió que el sonido de la naturaleza era su música preferida. Dentro de toda la oscuridad y todas las atrocidades que ofrecía el mundo, encontró la luz. Encontró La Paz. Encontró la libertad que ella escondía de sí misma.

Un día, mientras caminaba por un bosque en el amanecer de un día de primavera, comenzó a pensar sobre el curso que había tomado su vida. Reflexionó sobre las extremidades de la vida que había encontrado. Al no ser por esas decisiones no hubiera encontrado el balance que hoy obtenía en su vida. Al haber odiado la existencia con todo su ser, hoy no lo amaría con la misma fortaleza. Las dos extremidades se convirtieron en el balance universal, aquel que tanta gente busca por tanto tiempo.

Durante el resto de sus días vivió de esa manera. Un día a la vez, con calma y con tranquilidad. Y en su último suspiro analizó la historia de su vida. En su último capítulo pudo resumir las verdades que tanto buscó. Y esas eran las siguientes. Durante el transcurso de su tiempo vivió las extremidades en cada sentido de la vida. Y al concluir su viaje pudo obtener La Paz en su corazón. La serenidad en su alma. Y el balance humano en sus manos . Es ahí donde, por fin, pudo obtener lo que siempre buscaba. La estabilidad de su ser. 


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