Himno mexicano


No soy directamente tuya, pero vengo de ti.

De tus raíces que aún abrazan mi ser, incluso estando tan lejos.


Viste nacer a mis padres, a mis abuelos, a mis bisabuelos,
y a toda la raíz que florece en mi sangre.


Soy hija del maíz, alimento sagrado de los dioses,
grano dorado que sostiene a tu pueblo desde el inicio del tiempo.


Soy fruto del águila que eligió su destino
en un lago rodeado de nopales y esperanza.


De tus lenguas antiguas que aún resuenan
en las montañas, en los mercados, en las canciones.


Alimentas mi cuerpo y mi alma con tu gastronomía única,
creada de la tierra que te da vida
y de los corazones que transforman tus frutos en ofrenda.


Tortillas que guardan el sol en cada grano,
cacao que regalaste al mundo para endulzar su historia.


Das vida con tu música y con tus colores,
colores que iluminan espacios extranjeros
que llamamos hogar cuando estamos lejos de ti.


En un mariachi resuena tu fuerza,
en un son jarocho palpita tu alegría,
en un corrido revolucionario arde tu resistencia.


Me enseñas que la muerte no es final,
sino altar de flores, de pan y de velas encendidas.


Que el recuerdo nunca muere,
porque vives en cada ofrenda, en cada foto, en cada canto.


Eres campana que repicó en Dolores,
grito de libertad que encendió a un pueblo.


Eres lanza y machete,
eres la voz de Josefa, la lucha de Hidalgo,
el sueño de Morelos por igualdad.


Eres tierra de campesinos que sembraron justicia,
de Zapata y Villa cabalgando por tu dignidad.


Eres soldadera, mujer de pólvora y esperanza,
fuerza callada que sostuvo la Revolución.


Creo en ti: en tu futuro, en tu fuerza para salir adelante,
en tu habilidad de mantener tu identidad intacta.


En cada rincón del mundo se escucha el eco de tu existencia,
de tu historia, de tu presente.


Las madres nos dan la vida, pero tú, México,
nos das la identidad.


Nos das el orgullo que crece en el pecho
al ver tu bandera ondear:

El verde de la esperanza y la prosperidad.
El blanco de la unidad y la paz.
El rojo de la sangre derramada
por los héroes que lucharon, y siguen luchando, por la patria.


Y en el centro, tu escudo:
el águila, el nopal, la serpiente,
símbolo de tu destino y de tu raíz prehispánica.


Porque aunque mis pies caminen lejos,
tus colores me siguen, pintados en murales de memoria.


Y no importa la distancia:
México vive en mí, y yo vivo en ti.

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